La tiranía castrista hace unos días registró otro gran “logro de la revolución”:  Cuba fue incluida en la “Lista de la Vergüenza” de la ONU. La Habana se unió a otras 13 dictaduras y votó contra una resolución de la Asamblea General de la ONU contra los genocidios, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y limpieza étnica.

Quienes acompañaron al castrismo en su rechazo a la humanitaria iniciativa global fueron Corea del Norte, Siria, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Rusia, China, Bielorrusia, Indonesia, Zimbabue, Burundi, Kirguistán, Egipto y Eritrea. O sea, “dime con quién andas y te diré quién eres”. Son todos regímenes antidemocráticos, y varios de ellos abiertamente genocidas.

La resolución fue aprobada por 115 naciones y hubo 28 abstenciones. Rápidamente UN Watch, entidad que vigila el cumplimiento de los acuerdos de la ONU, confeccionó la mencionada “Lista de la Vergüenza” con los 14 países que se opusieron a uno de los más trascendentales acuerdos adoptados nunca por la Asamblea General.

El truco de la no intervención de las dictaduras para perpetuarse

El argumento para oponerse fue el de siempre, que la resolución se presta para “intervenir en los asuntos internos” de un país. Es el cuento típico de toda dictadura porque son las que cometen crímenes y no quieren que la comunidad internacional las fiscalicen.

Y la cúpula castrista tiene ahora más motivos para rechazar las inspecciones internacionales. Desde 1998 es crimen de lesa humanidad hacer pasar hambre y pobreza extrema a un pueblo deliberadamente.

Hambrear a un pueblo es ya un crimen de lesa humanidad

El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI) establece que es crimen de lesa humanidad “un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque”, y “la persecución de un grupo o colectividad con identidad propia por motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos o de género, o por otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables”.

Raúl Castro hace pasar hambre al pueblo a propósito porque impide que los 430,000 agricultores privados del país produzcan y vendan libremente sus cosechas, y se niega a liberar el resto de las fuerzas productivas. El dictador y su claque quieren que la gente pase el tiempo haciendo colas y no pensando en cómo sacarlos del poder.

Hay que intervenir si se atropella la integridad del ser humano

En cuanto al pretexto de “no intervención en los asuntos internos” este es inmoral y obsoleto.  En el siglo XXI es hora de que la comunidad internacional cuente con instrumentos de fuerza para intervenir donde quiera que se atropelle la integridad de los seres humanos.

Como precisó Jean-Jacques Rousseau hace 260 años la soberanía de un país radica en el pueblo, no en ningún gobierno. Y el mundo debe disponer de leyes supranacionales de obligatorio cumplimiento universal para proteger los derechos del pueblo soberano. El ser humano tiene la prioridad por encima de la “realpolitik” basada en la hipocresía diplomática, y de todo lo demás.

Hambrear a un pueblo, dejar morir a los ciudadanos por falta de medicamentos, torturar, encarcelar, apalear, asesinar por motivos políticos no es “asunto interno” de ningún país. El gobierno que así lo proclame es criminal y debe ser forzado a respetar esos derechos, o a abandonar el poder.

El castrismo, más intervencionista que nadie en Latinoamérica

Además, Cuba es precisamente el país más intervencionista en la historia de América Latina. Desde 1959 con tropas regulares o guerrillas armadas Cuba ha intervenido nada menos que en 22 países, incluyendo 14 de Latinoamérica.

Con tropas intervino en Panamá, República Dominicana, y Nicaragua, y hoy interviene en Venezuela. Y con guerrillas y grupos terroristas entrenados, armados, financiados y dirigidos desde Cuba ha intervenido en Colombia, Venezuela, Perú, Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, El Salvador, Guatemala y Honduras.

Cuba es el único país latinoamericano que ha enviado miles de soldados (más de 400,000) a combatir al otro lado del Atlántico. En Angola, Etiopía, Somalia, Namibia, Congo, y Mozambique en Africa subsahariana; y en Siria (contra Israel) y Argelia (contra Marruecos) en el Medio Oriente.

Y no es cosa del pasado. Actualmente hay en Venezuela más de 22,000 cubanos infiltrados con cargos en el gobierno, y militares en el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN). Hay 9 batallones cubanos de combate, más de 24,000 médicos obligados a realizar labores de inteligencia, y otros miles de cubanos controlan la entrega de cédulas de identidad, de pasaportes, y de toda información privada de los venezolanos: propiedades que poseen, cuánto ganan, dónde viven, etc.

La nueva resolución hay que aplicarla ya en Cuba

En fin, es fácil advertir que una “Lista de la Vergüenza” es poco para destacar ante el mundo el carácter criminal y terrorista de la dictadura que encabeza el general Castro. O sea, la resolución aprobada ahora debe aplicarse ya en el caso cubano.

Y los socialistas Antonio Guterres y Michelle Bachelet, máximos responsables de la ONU en materia de derechos humanos, deben romper su silencio y denunciar por su nombre a la dictadura cubana (nunca lo han hecho) por hambrear y atropellar a los cubanos para mantenerse en el poder.


Ver también: HAMBRE CAUSADA POR EL GOBIERNO DE CUBA ES CRIMEN DE LESA HUMANIDAD