Conflictometro septiembre 2021

SUMARIO

  • Se produjeron 312 protestas en septiembre 2021. La tendencia de crecimiento no ha variado pese al incremento del terror estatal. Desde septiembre de 2020 (42 protestas) hasta septiembre 2021 (312 protestas) se ha mantenido constante el aumento de las protestas, mes a mes. Aun aquellos que insisten en considerar excepcional el estallido social nacional del 11 de julio (584 protestas con participación de unos 187,000 cubanos) tienen que tomar en cuenta que se han acumulado ya un total de 2,718 en el transcurso de un año. Y siguen creciendo.
  • De las 312 protestas de septiembre de 2021, 141 (45 %) estuvieron relacionadas con demandas sociales y económicas y 171 (55 %) con exigencias vinculadas a derechos políticos y civiles.
  • Se confirma que el terror estatal desatado en esta “guerra contra todo el pueblo” no logra su propósito de contener las protestas, sino que continúa multiplicándolas al tiempo que incrementa la pérdida de capital simbólico (credibilidad, prestigio, influencia), , del régimen de gobernanza vigente y del gobierno que lo administra, tanto entre la población como más allá de las fronteras cubanas.
  • La ofensiva demagógica –copiada de viejos manuales de contrainsurgencia– para ganar con migajas y gestos tardíos los corazones y mentes de los cubanos (minds & souls) no ha rendido frutos y hasta ahora se ha revertido contra sus promotores. Aprobar en 30 días varios decretos (que llevaban años sin siquiera ser discutidos) y proclamar a la carrera que se le dará prioridad a la atención social a los barrios marginales (que crecieron durante más de 62 años en pleno abandono), ha reafirmado la conciencia de que la elite de poder solo hace concesiones bajo presión pública efectiva, como la del 11 de julio. Esta tardía e insuficiente ofensiva demagógica, lejos de servir como agua para apagar el fuego, equivale a regar gasolina. Nuevos desafíos populares se convocan para los meses de octubre y noviembre
  • El destierro de Hamlet Lavastida y Katherine Bisquet solo ha logrado poner en circulación internacional a dos artistas que pueden ahora dar testimonio directo de sus experiencias bajo el terror estatal. Su impacto en medios de la Unión Europea no se hará esperar. Y desde la prisión, los mundialmente conocidos Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo –a los que se ha sumado la activista y poeta Áfrika Reina–, desafían a sus carceleros declarándose en huelga de hambre, las que quedan registradas como las últimas tres protestas políticas del mes al cierre de este informe. La represión y el terror no logran neutralizar a esta nueva generación de ciudadanos disidentes.
MANIFESTACIONES PÚBLICAS DE PROTESTA TOTAL Por motivos económicos y sociales Por motivos politicos y civiles
2021
Septiembre 312 141 171
Agosto 297 175 122
Julio 584 149 435
Junio 249 133 116
Mayo 231 86 145
Abril 203 47 156
Marzo 184 38 146
Febrero 159 48 111
Enero 137 58 79
2020
Diciembre 122 26 96
Noviembre 110 19 91
Octubre 88 33 55
Septiembre 42 16 26

 

CONTINÚA LA TORMENTA PERFECTA AUTOINDUCIDA POR LA POLÍTICA NACIONAL

Las circunstancias generadas por políticas deliberadas del gobierno que han dado lugar a esta tormenta perfecta no se han disipado, sino que se han acentuado:

  • Colapso del sistema de salud y desabastecimiento de medicamentos por la política de priorizar las inversiones en la construcción de hoteles de lujo en medio de una pandemia letal que ha obligado a ampliar los cementerios.
  • Inflación descontrolada por la aplicación –en la peor coyuntura productiva y económica del país– del llamado “Ordenamiento” (unificación monetaria) que ha degradado el poder adquisitivo de la población empujando a más ciudadanos y familias a la pobreza.
  • Inseguridad alimentaria y creciente hambruna por la política de mantener el sistema estatizado y centralizado de producción y comercialización agropecuaria.
  • Inseguridad energética por la política de no hacer inversiones capitales en este sector cuando se dispuso de recursos para ello bajo el deshielo con EEUU propiciado por Barack Obama y la restructuración del pago de la deuda externa.
  • Bloquear la posibilidad de que el sector no estatal pueda beneficiarse del comercio e inversiones procedentes de EEUU (por el hecho de que no está incluido en las sanciones del embargo). Para ello se mantienen deliberadamente las barreras al emprendimiento privado –así como a la prosperidad de empleos, productos y servicios que este sector genera– debido a la política de impedir el registro legal de sus negocios; bloquear la posibilidad de que exporten e importen directamente sus productos e insumos; impedir que sus emprendimientos crezcan más allá de un límite arbitrario fijado por el Estado; bloquear la posibilidad de recibir inversiones sin restricciones de capital y el bloqueo a la posibilidad de asociarse en el exterior con inversionistas cubanos o extranjeros.

La concientización sobre estas realidades ha desmontado el mito de la propaganda oficial de que todos los males que aquejan al ciudadano tienen una causa externa y son generados por el gobierno de EE.UU. (sea Trump o Biden) y la “mafia de Miami”.

DESDE LA EXPLOSIÓN SOCIAL DEL 11 J HAN SURGIDO NUEVAS EXPRESIONES DE PROTESTA

Las convocatorias para rezar en público en favor de los cambios y las 29 acciones cívicas de protesta en diez provincias fueron dos tendencias novedosas que se expresaron pese a la represión y el terror posterior al 11 de julio. A ello se agregaron los cacerolazos, una modalidad muy latinoamericana, pero sin arraigo anterior en Cuba.

En el mes de septiembre se han convocado e implementado por parte de templos evangélicos oraciones en las calles. Estas acciones ponen a los cuerpos represivos ante una disyuntiva difícil, porque contener con violencia a un conjunto de vecinos que se arrodillan en la calle frente a sus hogares para pedir a Dios que viabilice los cambios sin violencia que el país necesita es una imagen terrible.

Rezos para abrir un camino de cambios hacia una nueva Cuba

El intento gubernamental de culpar a los médicos por el mal servicio en los hospitales provocó múltiples respuestas públicas, rechazando esa calumnia y responsabilizando al gobierno por su desastrosa gestión de la pandemia.

Por otro lado, este mes se produjeron 29 acciones cívicas en 10 provincias bajo la exigencia (“¿Dónde está mi dinero?”) de que se rinda cuentas del dinero que se apropió el gobierno de los salarios de los médicos de las brigadas internacionales bajo la justificación de que serían invertidos en el sistema de salud (6,400 millones de dólares en 2018). Hoy los hospitales tienen un estado deplorable y las farmacias están prácticamente vacías en medio de una terrible pandemia. El Estado invirtió 57 veces más en construir nuevos hoteles de lujo (pese a que están vacíos los que hoy existen) que en salud pública.  Tampoco fue destinado el dinero a la producción agropecuaria para mitigar la aguda escasez de alimentos. Véase la tabla a continuación.

¿A dónde fue a parar ese dinero? Esta protesta tiene doble carácter porque por un lado denuncia el despojo salarial (del 75- 90%) al que se somete a esos médicos y por otro la mentira de que esos fondos son invertidos para beneficio social, ya que ni en el apogeo de la pandemia de Covid se priorizaron recursos para el sector de salud.

Los recurrentes cortes de electricidad fueron recibidos en las casas con conciertos de cacerolas vacías (31 en 11 provincias) lo cual inscribe esta tendencia en las nuevas modalidades de protesta que hacen difícil la represión directa (¿violentar las viviendas para forzar a los inquilinos a detener el concierto de cazuelas?).

LA SOBERBIA Y MEDIOCRIDAD DEL GOBIERNO 

La política deliberada de promover la lealtad incondicional por encima de la capacidad profesional ha llevado a una crisis de mediocridad y disfuncionalidad institucional del sistema. 

Cuando una joven se destaca por aparentar ataques histéricos contra un grupo de opositores en una conferencia internacional (Séptima Cumbre de las Américas, Panamá, abril 2015) y su lamentable y contraproducente espectáculo es premiado de inmediato con una promoción a secretaria general de la Unión de Jóvenes Comunistas, el resto de los mediocres toman nota de su “éxito” y de las reglas de promoción del sistema Si en octubre de 2018 un grupo de diplomáticos acreditados ante la organización multilateral más importante del planeta (la sede de la ONU en New York) ofrece de manera pública un bochornoso espectáculo golpeando las mesas de una conferencia para impedir que se escuche a un orador que no es de su agrado, eso no es un hecho casual: es el resultado de una política deliberada de favorecer la lealtad personal por encima del talento.

De Fidel Castro a Miguel Díaz Canel, de Raúl Roa a Bruno Rodriguez Parilla, de Armando Hart a Alpidio Alonso Grau quizás no haya diferencias en relación al sistema que sirvieron o sirven, pero hay un abismo de experiencia y habilidades entre aquellos personajes y los actuales para manejar los desafíos que se presenten en sus respectivas áreas. Díaz Canel verifica la premisa de que un título universitario no equivale a inteligencia ni eficiencia.

Premiar la lealtad incondicional divorciada del talento tiene consecuencias inescapables y el sistema cubano ya las está pagando. Sus gestores han hundido al país con su incapacidad para entender la realidad y las políticas contraproducentes que adoptan basados en falsas premisas. Ello hace evidente la incapacidad del gobierno y de la élite de poder para prever, diagnosticar, corregir y evitar la crisis sistémica, estructural y letal que hoy enfrenta el sistema cubano.

Una explosiva mezcla de soberbia y mediocridad es compartida tanto por la élite de poder cubana (una oligarquía militar y civil que controla las dos instituciones militares –MINFAR y MININT– y la economía dolarizada por medio de GAESA) como por el partido comunista y gobierno designados y tutelados por aquella (millares de funcionarios mediocres que administran una infraestructura obsoleta y se ven presionados a dar la cara a la población por el desastre).

El hecho de que el promedio de edad de los nuevos funcionarios haya disminuido es irrelevante porque se cumple la advertencia del historiador Arnold J. Toynbee respecto a las élites: de nada sirve su reemplazo si han asumido previamente las perspectivas de sus antecesores. La frase de Díaz Canel transformada en consigna oficial es un perfecto resumen de este asunto: “Somos continuidad”.

La “continuidad” supone compartir con la generación de dirigentes anteriores un conjunto de premisas “indiscutibles”:

  • El comunismo no fracasó en ninguna parte, fueron errores, debilidades y traiciones humanas los que provocaron su caída en la URSS y Europa del Este. Todo fue obra de un plan de los enemigos externos del “socialismo”. Nuestro deber es reconocer esos errores –abrirnos a reformas económicas de mercado y cesar la persecución contra la libertad de expresión– y no repetirlos.
  • Confundidos por la propaganda enemiga. Si grandes mayorías de ciudadanos se oponen a que continúe vigente el mismo sistema y sigan en el poder las instituciones y personas que lo han monopolizado por más de medio siglo es porque están confundidos por la propaganda enemiga y son víctimas de agentes entrenados y pagados por potencias extranjeras.
  • Explosiones sociales financiadas por agentes enemigos. El que las fuerzas del Estado se vean abrumadas por la marea de protestas ciudadanas debe ser explicado a partir del asimétrico poder tecnológico y financiero que tiene el enemigo “externo” que supuestamente diseña estas explosiones sociales, las financia, paga agentes para confundir y agitar a los indefensos ciudadanos y ha renovado su doctrina militar subversiva.
  • Las redes sociales son peligrosas para el status quo. Si no fuera por Internet la dominación informativa e ideológica del Estado sobre los ciudadanos haría imposible estas sublevaciones. La culpa de haber perdido el control –dice Díaz Canel– la tienen las redes sociales que son un instrumento de colonización.  Nuevas burocracias represivas ya se están organizando para patrullar las redes sociales. Si “las calles son de Fidel” de ahora en adelante “las redes deben ser de Díaz Canel”. 

Mientras una mediocracia gubernamental tan inepta como timorata acepte esas premisas, no cabe otra posibilidad que esperar su sumisión a los enfoques y dictámenes de la élite de poder. Recordemos que la élite manda y Díaz Canel –el partido y gobierno que él ahora dirige– obedecen.

A partir de ese oportunismo mediocre los funcionarios del partido y el gobierno, así como algunos genuflexos periodistas oficiales proclaman aquellas interpretaciones y propuestas de acción que creen sonarán mejor a los oídos de las instituciones militares (MININT / MINFAR) y GAESA.

EL ESTADO REAFIRMA SU VOCACIÓN  REPRESIVA Y LA SOCIEDAD CIVIL CONVOCA A RESISTIR Y MANIFESTARSE 

El objetivo inmediato de la élite de poder es regresar a la “normalidad” de la sumisión ciudadana. Estaban seguros de que dada la dimensión del terror desatado contra la población en toda la isla ello se lograría en breve plazo.

Pero la interpretación militarizada y policiaca de los conflictos de la población con el Estado (agua, electricidad, salud pública, medicinas, alimentos, degradación del poder adquisitivo) que son las causas reales de las protestas –los conflictos son el cáncer y las protestas su sintomatología– no se solucionan demonizando a quienes se expresan, ni rompiendo sus huesos con porras de madera y metal.

Las teorías trasnochadas sobre “golpes blandos” y “guerra de cuarta generación” no explican ni dan solución a qué la gente esté sumida cada vez más en condiciones miserables de vida cuando no en la pobreza, sin alimentos, salud ni electricidad y muriendo por Covid. No intentan siquiera –sino que construyen evasiones analíticas– asomarse a la realidad de la que están hartos los ciudadanos que ya rechazan de forma pública su soberbia e incapacidad para resolver los problemas reales del país: seguridad alimentaria, seguridad sanitaria, seguridad energética, seguridad hidráulica, seguridad de ingresos y –sobre todo– perspectivas sólidas de un futuro mejor.

La élite de poder y sus dóciles servidores partidistas y gubernamentales no han aprendido que la represión multiplica mes a mes las protestas, como demuestran los informes del Observatorio Cubano de Conflictos. No saben la diferencia entre conflicto y protesta y pretenden suprimir por la fuerza las últimas sin resolver los conflictos que las causan.

El próximo trimestre se presenta por esas razones complicado. Lo único que es fácil de vaticinar es que las protestas no se detendrán y que la élite insistirá en aplastarlas inútilmente. De esa dinámica pueden llegar a surgir variantes violentas de protesta personal –no incitadas ni convocadas por ningún sector de la sociedad civil.

Pese a la convicción no violenta que tienen, predican y practican la inmensa mayoría de los grupos ciudadanos, en septiembre se registraron cinco protestas individuales, protagonizadas por desconocidos, en las que fue empleada alguna variante de violencia. Si bien es una vieja táctica del MININT –promovida por los asesores cubanos en Venezuela– infiltrar protestas pacíficas y generar hechos violentos para justificar la violencia estatal, tampoco es descartable que haya ciudadanos a los que la represión del Estado lleve a la conclusión de que es preferible lanzar piedras o cócteles molotov a un edificio estatal desde el anonimato que dar la cara en una protesta no violenta que esté condenada de antemano a ser reprimida de forma violenta por grupos militares y paramilitares del Estado.

La responsabilidad última por los caminos que elija la resistencia a la opresión descansa en manos de los opresores, no de los oprimidos. Para el 10 de octubre –inicio de la primera guerra independentista– una coalición de cubanos cristianos que incluye a sacerdotes y pastores de diferentes denominaciones ha convocado a una jornada nacional de oración y reflexión. Para el 20 de noviembre –natalicio del Padre Félix Varela– también se han convocado marchas pacíficas en diferentes ciudades y pueblos.  

Ambas acciones han sido notificadas de manera pública y con antelación suficiente a las autoridades, para responsabilizarlas por lo que suceda si el Estado opta de nuevo por violar su propia Constitución y exhorta a sus cuerpos militares y paramilitares a otra jornada de violencia y represión contra ciudadanos pacíficos, desarmados e indefensos como la que se vivió en el mes de julio.  Pero esta vez el mundo está observando.

CRECE LA ATENCIÓN Y CONDENA INTERNACIONAL A LA REPRESIÓN EN CUBA Y EL RECONOCIMIENTO A QUIENES SE ENFRENTAN A ELLA

Desde el 11 de julio el mundo entero –incluyendo a simpatizantes del añejo mito revolucionario cubano– despertó a la nueva realidad de un Estado oligárquico, totalitario y mafioso que ha roto el pacto social del comunismo, en que se suprimían los derechos políticos y civiles a cambio de aportar ciertas seguridades sociales y económicas. Desde esa fecha el Genio salió de la lámpara y no han podido hacerlo retornar a ella.

El himno de la insumisión ciudadana, la canción de rap urbano Patria y Vida, ha sido nominado a los prestigiosos Premios Grammy en dos categorías diferentes;  el icónico Luis Manuel (Luisma) Otero Alcántara fue incluido en la lista de la revista Time como una de las 100 figuras más influyentes del mundo; la popular cantante y actriz cubanoamericana Camila Cabello hizo uso de su presentación en la entrega de premios Billboard Latinos para denunciar la represión y expresar su solidaridad con los ciudadanos cubanos.

Pero lo que más dolió a la dictadura cubana es que en menos de tres meses el Parlamento Europeo aprobase dos contundentes declaraciones –la segunda vez por muchísimos más votos que la anterior– condenando la represión, pidiendo sanciones personales contra quienes la ejercen y –sobre todo– demandando la suspensión del Acuerdo de Cooperación y Diálogo Político entre la Unión Europea y Cuba. Las obtusas mentes de los miembros de la élite de poder cubana deben tomar nota de que su vocación represora les costará miles de millones de euros anuales que ya estaban a punto de embolsillarse.

OBSERVACIONES FINALES

Tenemos evidencias de que los funcionarios leen nuestros informes pero desde una perspectiva militar (“¿En qué conspiración anda la mafia de Miami?”). Es lamentable. Por esa razón se nubla su entendimiento al leer nuestros análisis mensuales. Este mensaje es en especial para ustedes.

  1. El principal conflicto en Cuba no es externo sino interno. No es entre EE.UU. y Cuba sino entre el sistema vigente y las necesidades de los ciudadanos. Es el que se expresa entre un régimen de gobernanza que ahora, sin poder contar con subsidios masivos (URSS / Venezuela), es incapaz de resolver las necesidades más perentorias de la población (vivienda, agua, electricidad, alimentos, salud, medicinas). Por otra parte, los gobernantes, en pos de seguir ejerciendo un poder omnímodo, prefieren darles la espalda a las necesidades populares y sostenerse a base de represión, no de cambios estructurales y sistémicos.

En dos palabras: el pueblo ha comprendido que los que monopolizan el poder no tienen voluntad política para emprender la transformación profunda que el sistema requiere, y no les importan las penurias cotidianas que esa actitud egoísta traiga a la población. Esa arrogancia del poder ha hecho evidente a la población que no solo se necesita una reforma económica del sistema sino también una transformación política radical, que le devuelva al pueblo la soberanía secuestrada hoy por menos del 1% de la población.

Después del 11 de julio ha quedado claro que la solución no es desgastarse intentando impulsar una reforma parcial del socialismo existente. Es transformar a Cuba de raíz para que la nación sea independiente, soberana, libre, democrática, moderna y próspera en una sociedad abierta. Ese es el futuro que desea alcanzar la población. Póngasele la etiqueta que se prefiera. 

¿Qué sentido tiene seguir luchando por que autoricen pequeñas empresas? ¿Por qué los cubanos solo pueden tener “pequeñas” empresas? ¿Para qué nos sirve una ley de cine en que el Estado sea “menos intrusivo”? Eso es mendigar limosnas del Estado totalitario, hoy en manos de una oligarquía mafiosa con intereses opuestos a los de la población. Lo imprescindible es lograr establecer un Estado de Derecho con leyes que estén en armonía con los tratados universales de derechos humanos. Después del 11 de julio y la reacción violenta del gobierno, la hora del reformismo gradual en periodos prolongados, con continuos avances y retrocesos, ha quedado atrás.

  1. El actual régimen de gobernanza se ha descapitalizado. La única salida es transformarlo de manera radical. Tiene una quiebra de capital financiero, pero también de capital simbólico. Sin dinero y sin credibilidad, de espaldas a las necesidades más perentorias de la población genera ingobernabilidad, sin que para eso se requiera de la injerencia de una potencia exterior. Si la transformación profunda que se requiere sigue siendo demorada –sea por miopía, egoísmo o mediocridad–, es muy probable que la ingobernabilidad rebase ciertos parámetros y dé al traste –de una manera u otra– con el sistema.
  1. El verdadero tumor canceroso es el sistema vigente que hunde en la miseria a la población. Las protestas son apenas los síntomas externos del cáncer, no su causa.

Está demostrado que intentar suprimir las protestas recurriendo a la violencia las multiplica y pudiera abrir la puerta a otras que se manifiesten de forma menos constructiva.  Este mes se registraron cinco acciones violentas contra tiendas en dólares y vehículos policiales, así como el incendio de un ranchón durante los apagones (Matanzas, Cienfuegos y Ciego de Ávila). No sabemos si son autoprovocaciones estatales. Nadie se las ha atribuido. La violencia es evitable, y es deseable que ese sea el caso, pero lamentablemente también es posible. Y lo que pudiera llegar a hacerla probable es que la élite de poder insista en emplearla de forma criminal contra una población desarmada e inerme, o la promueva con infiltrados en manifestaciones pacíficas para tornarlas violentas. Eso sería más que un crimen una incalculable estupidez.

 


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METODOLOGÍA DEL OCC ¿A QUÉ LLAMAMOS MANIFESTACIÓN PÚBLICA?

Son todas aquellas acciones, de muy diversa índole, que expresan de forma pública, sea de manera individual o colectiva, el rechazo ciudadano a disposiciones oficiales, instituciones o autoridades.

Ese rechazo y crítica pública puede ser expresión de protestas por temas políticos y de derechos ciudadanos o vincularse de forma directa a demandas populares en cuestiones sociales, económicas y culturales como son los problemas de vivienda, agua, alimentación, transporte y censura artística o intelectual.

Dichas manifestaciones pueden tomar la forma de protestas callejeras, pintadas de muros, colgar carteles, corear consignas, negarse en público a cumplir órdenes policiales o administrativas, realizar una marcha, procesión, sentada o misa no autorizada, distribuir volantes, hackear sitios oficiales o crear otros falsos, repartir publicaciones impresas o digitales prohibidas, distribuir memes y chistes satíricos de las políticas gubernamentales y muchos otros más.