Aunque nadie puede saber  la magnitud  que finalmente tendrá el Covid-19 en Cuba, que incluso podría ocasionar una eventual catástrofe humanitaria, algunos opositores y periodistas independientes ya  expresan su preocupación de que luego, cuando  la vida de la población regrese a la normalidad, el régimen comunista quiera perpetuar los niveles de control y de coerción recrudecidos ahora durante la pandemia  y regresar a los tiempos de las prohibiciones de todo tipo, para que “haya más orden y seguridad en el país”.

Por ejemplo, el reportero Ernesto Pérez Chang  opina desde La Habana que “la  vigilancia y represión policiales, las medidas y disposiciones legales, tributarias, regulatorias del  trabajo por cuenta propia  que hoy son excepcionales, pudieran terminar por derogar, en la práctica, todo lo legislado, aprobado, permitido y dispuesto en años anteriores (…) y desapareciera todo aquello privado que molesta y hace competencia al ámbito empresarial estatal”.

Prohibiciones en Cuba por el Covid-19

Muchos se preguntan si la aceptación ahora circunstancial de la población de que se supriman las pocas libertades de movimiento, se refuerce el racionamiento, se prohíban las reuniones, la congelación de actividades privadas como la transportación y recreación dirigidas a los extranjeros, el propio contacto con extranjeros y las salidas del país, pudieran convertirse en definitivas por imposición de la línea más estalinista que encabezan el dictador, el vice dictador Machado Ventura, el Fouché cubano Ramiro Valdés y los más encumbrados generales de las FAR y el MININT.

Otros afirman que, por el contrario, en la medida que la crisis social y económica se agrave con motivo de la pandemia, que ha causado la suspensión temporal de la llegada de turistas y ha paralizado numerosas actividades industriales y de servicios, la presión popular y de ciertos sectores de la burocracia que da la cara a la gente en la vida diaria podría obligar a la dictadura a destrabar la madeja de prohibiciones actuales, sobre todo para que haya más producción de alimentos y prestación de servicios privados o en cooperativas, que hoy están regulados o suspendidos.

¿Cuál de las dos tendencias se impondrá?

¿Habrá una combinación de ambas cosas? ¿Seguirá todo igual  en Cuba luego de la pandemia?

Para tratar de dar respuestas a estas interrogantes primeramente hay que tener en cuenta el factor Venezuela. Ahora con Maduro buscado por la justicia de EEUU, que paga $15 millones de dólares por su captura, y el aumento de la presión incluso militar con el despliegue de buques de guerra frente a esa nación, no parece que la narcodictadurta  chavista vaya a sobrevivir por mucho tiempo más.

Si en los próximos meses cayese Maduro, al régimen militar castrista no le quedaría  más remedio que seguir el camino chino o vietnamita. Y a partir de ahí podrían precipitarse cambios profundos y estructurales insospechados en estos momentos, y ya con Raúl Castro casi nonagenario (cumple 89 en junio).

Más producción de alimentos  para que haya cuarentena

Pero no estamos  en los tiempos de los oráculos de la Grecia clásica para hacer profecías. Lo que sí se puede “adivinar” es que difícilmente todo seguirá igual en Cuba, luego de la pandemia, de la que no tenemos idea de cuánto daño hará en la vida nacional cubana, desde muerte y dolor, hasta el probable colapso final de una economía en crisis perenne por la condición contra natura de su modelo comunista, agravada por la ineptitud y mala voluntad de Raúl Castro y los guatacones  que lo mantienen en el poder.

Por eso hay tantas interrogantes. Pero sin duda la tarea primordial ahora es evitar que los cubanos se contagien  masivamente y para ello resulta imprescindible que la dictadura  libere las fuerzas productivas, suprima las trabajas existentes para que los productores privados produzcan más alimentos,  incluyendo los racionados,  y poder  bajar los precios, de manera que cada familia pueda adquirir más alimentos en cada salida a las inevitables colas, y a más bajo precio,  y de esa forma poder cumplir la cuarentena que se requiere para no contraer el fatal virus chino.

Y que, por favor,  el dueto Díaz-Canel-Manuel Marrero  deje ya de culpar  al “bloqueo” de EEUU del desastre económico-social. Que no oculte más lo que en Cuba casi nadie sabe, que si liberan las fuerzas productivas ahí mismo se acaba el embargo, pues la ley Helms-Burton atañe solo al sector  estatal y no al privado, el cual podría comerciar libremente con EEUU y conseguir préstamos millonarios de los bancos estadounidenses.