Raúl Castro entregó la Presidencia de Cuba a su protegido Miguel Díaz-Canel en 2018 sin cumplir su promesa del “vaso de leche” para todos ni hacer realidad casi ninguna de las expectativas que él mismo creó en 2006.

Ahora en los próximos días cederá su cargo de Primer Secretario del Partido Comunista con el anticubanismo aún más subido: no solo no cumplió ninguna promesa, sino que dejó de hacerlas y encima dio marcha atrás a muchas de las tímidas medidas de flexibilización del sector privado.

Se negó a reinstalar la empresa privada, única que puede sacar al país de la pobreza extrema, el hambre y el atraso que él y su mafia militar agravaron dramáticamente. Y en medio de una pandemia que se expande peligrosamente ante el virtual colapso del precario sistema de salud pública.

Aunque mientras viva Raúl Castro seguirá siendo el jefe de jefes del castrismo “por derecho propio histórico”, ante el mundo él pasará a retiro luego del Octavo Congreso del PCC. Es oportuno echar un vistazo a su legado, cuyo título podría ser: Raúl Castro completó la catástrofe causada a Cuba por su hermano Fidel.”

Raúl Castro deja al país a la deriva y el pueblo hambriento

El General sin batallas deja al país a la deriva económica y socialmente, con el Estado incapaz de producir bienes y servicios y sin permitir que lo haga el sector privado. Sin divisas para importar; con un 32% de desempleo, un presidio político que crece por día, y con el mayor nivel de represión masiva política y social en muchas décadas, incluidas palizas en plena a calle a hombres y mujeres pacíficos.

Probablemente lo peor de todo es el haber militarizado la economía y los poderes públicos de la nación. Raúl Castro creó un Estado paralelo fascista, por encima de la Constitución que él mismo diseñó personalmente.

Este Estado superior está basado en un capitalismo militar corporativo para beneficio exclusivo de la élite militar en detrimento de la sociedad en su conjunto. Es un Estado supremo a cargo de una mafia corrupta, sin ideología política, integrada por generales y comandantes históricos, todos millonarios, que se apropian de las divisas y controlan la economía aún rentable. Han dejado al Estado oficial solo la misión administrativa y burocrática.

Raúl Castro no fue capaz de llevar la economía a los niveles previos al 12 de marzo de 1968

No hay por qué dejarse arrastrar por el Síndrome de Estocolmo, como les pasa a algunos, y agradecerle a Raúl Castro que en sus 15 años de mandato oficial amplió “al menos” el cuentapropismo, autorizó las cooperativas no agrícolas, etc.

Craso error. Porque la libre empresa capitalista nunca se debió prohibir, y porque hasta el día 13 de marzo de 1968 había en la isla un sector privado de verdad con empresas reconocidas por el Estado ante la ley como entidades de propiedad privada, y que daban empleo a miles de trabajadores.

Ni en su etapa de “reformista” (así la calificaban los medios internacionales) Raúl Castro fue capaz siquiera de llevar el país al 12 de marzo de 1968, día anterior a la puesta en marcha de la “Ofensiva Revolucionaria” que suprimió o estatizó los 57,280 pequeños negocios que aún había en Cuba, incluyendo 11,878 bodegas de barrio. (A propósito, Castro II habría seguido tranquilamente como administrador de la tienda-bodega de su padre en Birán si Fidel no se lo hubiese llevado a La Habana para meterlo en la política y ponerlo de segundón de él en todo).

El sector privado antes de la “ofensiva” fidelista incluso contaba con producción industrial en pequeña y mediana escala, y miles de otras actividades de producción y servicios, el comercio minorista y mayorista urbano y rural, y el valioso aporte privado de los profesionales universitarios. Nada de eso existe hoy. No se reconoce la empresa privada. Solo se conceden licencias personales para ejercer oficios específicos, no todos, y nunca como negocio propiamente.

Además de las bodegas hace 53 años y un mes había en la isla 8,101 restaurantes, fondas y cafeterías privadas, no como cooperativa creadas y controladas hoy por el gobierno. También 3,345 carpinterías y pequeñas fábricas de muebles, 4,544 talleres de mecánica automotriz que también fabricaban algunas piezas de repuesto y acumuladores; 1,188 reparadores y pequeñas fábricas de calzado, 6,653 lavanderías, 3,198 bares, 3,130 carnicerías, 1,598 centros de artesanías, dulcerías, 3,643 barberías y otros tipos de negocios.

Maykel Osorbo en el barrio San Isidro en La Habana

Claro, el legado raulista tiene también otra cara, contraria a la voluntad del dictador. Le deja una papa caliente a su sucesor, ya sea Díaz-Canel, un general, o algún “cuadro” sacado del sombrero. El que sea se enfrentará a un país diferente al de 2011 cuando Castro II asumió ese cargo.

Hay ahora un pueblo en ebullición, con jóvenes, y no tan jóvenes que no tienen miedo, no creen en el PCC ni en el castrismo, protestan constantemente en las calles, se enfrentan a los esbirros policiales, reclaman enérgicamente sus derechos y le gritan “mentiroso” y “descarao” en su cara al Presidente de la República.